Maximiliano Tornet y Villareal. Ciudad de las Tunas (Santiago de Cuba) 1855 - ??
Maximiliano Tornet
Maximiliano Tornet y Villareal. Líder revolucionario y sindicalista de procedencia cubana y seguidor de la doctrina anarquista, protagonizó el movimiento que dio lugar a "El año de los tiros".
Biografía
Nació en la Ciudad de las Tunas (Santiago de Cuba), en el año 1855. Hijo de Francisco y de Francisca. Fue expulsado de Cuba, por entonces colonia española, a la Península por sus ideales anarquistas inspirados en las teorías de Piotr Kropotkin. Durante cuatro años (de 1883 a 1887) trabajó para la Río Tinto Co. Ltd. donde fue incluido en una "lista negra" por inducir a sus compañeros al anarquismo y ser uno de los organizadores de la huelga minera de 1888.
El 1 de febrero de 1886 contrajo matrimonio con María Loaiza y García, procedente del gaditano pueblo de Vejer de la Frontera. En el momento de contraer matrimonio
María declara tener 17 años, mientras que Maximiliano afirma contar con
30 años. Pese a la minoría de edad de ella y la diferencia de años
entre ambos, el presbítero D. Manuel Muñoz Arteaga ofició dicho casamiento en Santra Bárbara de Riotinto. Una vez trasladado el matrimonio a Minas de Riotinto, el 24 de enero de 1887 la joven María dio a luz a un hijo en el domicilio que ambos compartían en la calle Méndez Núñez.
La situación de la mina
Según datos arqueológicos, las minas de Riotinto, con casi 5.000 años de antigüedad, son las más antiguas del mundo. Desde épocas prehistóricas, se ha explotado el filón de cobre y hierro.
Para fundir el mineral, en las minas se utilizaba el sistema de calcinaciones al aire libre denominadas comúnmente "teleras". En 1873, un consorcio británico compra las minas al Estado por 92 millones de pesetas y funda la Rio Tinto Company Limited, la cual empezó a producir el resurgir de Riotinto, se abren cortas de explotación, se desarrolla la minería interior y se industrializa su producción, aumentando desmesuradamente la cantidad y tamaño de estas calcinaciones, produciendo una enorme cantidad de humos ricos en de dióxido de azufre que se extendían por toda la Cuenca Minera. La producción de estos humos, que llegaron a alcanzar límites insospechados, dañaban gravemente la salud y la agricultura de la zona. Estos humos si no eran extendidos por el viento, se acumulaban en el valle
dando lugar a lo que llamaban "la manta". Los días en lo que se formaba
la manta, la gente permanecía encerradas en sus casas o huían a otros
lugares y era imposible acudir a trabajar, convirtiéndose en un problema
medioambiental, de salud y laboral. Cuando Tornet llegó a Riotinto en 1883, es con esta situación inhumana con la que se encuentra.
Llegada a la mina
Tornet comenzó a trabajar en las minas, alcanzando el puesto de cronometrador de un alto horno, pero cuando en agosto de 1887 se le descubre vendiendo periódicos revolucionarios,
es destituido y encarcelado. Una vez cumplida su condena, regresó a
Riotinto y, arropado por sus compañeros, reinicia clandestinamente sus
actividades revolucionarias.
Su capacidad de convicción, su don de líder y su carisma, atrajeron a los mineros a reivindicar una serie de peticiones, entre ellas:
Prohibición del uso de las teleras.
Que los días que no podían acudir a trabajar por la "manta" se abonase el salario completo.
Reducción de la jornada laboral de 12 a 9 horas.
Cambio del sistema de contratación, prohibiendo los contratos mensuales en los trabajos de las minas.
Supresión del pago de una peseta para asistencia médica.
Supresión de las dos pesetas con 50 céntimos descontados del jornal si extraviaban sus libretas.
Relevo del jefe de ese departamento.
Esta situación dará lugar a los acontecimientos que sucederán trágica y vertiginosamente.
La huelga
Imagen de las teleras de Riotinto, donde se puede apreciar el humo que desprendían.
El miércoles 1 de febrero comienza la huelga.
El seguimiento es prácticamente completo en los días siguientes.
Mientras, William Rich (director de la mina) busca la confabulación de
Agustín Bravo y Joven (gobernador civil de Huelva), reclamando fuerzas de apoyo para los guardas contratados por la empresa y los escasos Guardias Civiles de la zona.
El sábado 4 de febrero, Tornet, Ordóñez Rincón y Lorenzo Serrano (estos último líderes de la Liga Antihumos) encabezaban a caballo distintas columnas de manifestantes precedidos por una banda de música y con pancartas en los que podía leerse los lemas "¡humos no!" o "¡viva la agricultura!". Al unirse ambas columnas en una sola en el Cerro de Salomón, formaron un extenso grupo de entre 12.000 y 14.000 personas que se manifestaban de forma pacífica.
Una vez en el ayuntamiento de la localidad, Tornet, Ordóñez, Serrano, el alcalde de Zalamea y los representantes de otros municipios afectados accedieron a sus dependencias, donde el alcalde y los concejales
se encontraban reunidos. La intención de los manifestantes era que la
corporación municipal llegase al acuerdo de prohibir las perjudiciales
"teleras". Mientras, el gobernador civil llegaba en tren y consiguió
abrirse paso hacia el ayuntamiento escoltado por soldados del Regimiento de Pavía, desplazados a esta localidad con órdenes de poner fin a la manifestación.
Cuando llegaron a la plaza del consistorio, la tropa se apostó frente a
los manifestantes y el gobernador se dirigió al encuentro de la
corporación municipal para hacerles saber que anularía cualquier resolución que tomasen. Desde el balcón de la casa consistorial se dirigió a los huelguistas
para que depusieran su actitud amenazando con hacer uso de la fuerza.
Lo que ocurrió a continuación fue desconcertante ya que, sin que se
tenga conocimiento de quien dio la orden, los soldados abrieron fuego
contra la multitud, entre la que se encontraban mujeres y niños,
haciendo incluso uso de las bayonetas.
Miles de personas huyeron despavoridas, arrasando todo lo que se
encontraba a su paso. No hay una lista oficial de muertos, unas fuentes
hablan de 13 ó 14, otras de cientos e incluso algunas afirman que se
deshacían de los cuerpos arrojándolos a las escombreras, lo que
dificultaba realizar un recuento de víctimas. En los días posteriores a
la tragedia, los heridos permanecían escondidos por temor a represalias, pese a que el gobernador civil publicó un bando en el que explicaba que la compañía británica no descontaría el salario
de aquel 4 de febrero. La Guardia Civil realizó rastreos para encontrar
a los obreros que llegaron hasta sus propios hogares. Las gentes hablan
de que muchos de los muertos fueron a causa de las heridas provocadas
por las armas, de forma indirecta, pero que al no poder acudir a los
servicios sanitarios para no delatar su presencia en la manifestación,
muchos obreros murieron en sus casas. En este año 1888 hubo 12 despidos
de trabajadores, una situación que las familias, que tenían la mina como
único sustento no se podían permitir. Algunos autores cifran el total
de despidos, muertes y desapariciones en el millar de personas. Los
despidos trajeron la miseria y el hambre a la zona. El diario La
Provincia trató de hacer un paralelismo que muchos tomaron como cierto, e
influir en la voluntad popular diciendo que sin las calcinaciones
seguiría el hambre. De este modo y atizados por la miseria, muchos de
los que pidieron el fin de las teleras ahora veían con buenos ojos su
continuidad. Tan cruda fue la represión que los obreros tardaron 12 años
en volver a manifestarse.
Este fue el primer movimiento ecologista del que se tienen constancia en el mundo, con un carácter claramente anarquista.
Lista de heridos
Según
la lista oficial, ofrecida por la propia empresa, hace referencia a la
ridícula cantidad de 13 muertos y 48 heridos, de los cuales se detallan
los que fueron trasladados a Nerva, al ser éste su lugar de residencia.
Nº
Nombre
Edad
Pueblo
Provincia
1
Antonio Rivas Villanueva
26
Huelva
2
José Ramas Luque
22
Málaga
3
Antonio Palacios Castro
29
Cádiz
4
José Matallanes Martínez
22
Zamora
5
José María Pacho
41
León
6
José Sánchez Domenech
26
Lubrín
Almería
7
Antonio García Ortega
29
Somontín
Almería
8
Francisco Oliver Mesa
20
Somontín
Almería
9
Manuel Marín Díaz
26
Partaloa
Almería
10
Jerónimo Sánchez Linares
22
Ugíjar
Granada
11
Martina López González
55
Nerva
Huelva
12
Isabel Domínguez Domínguez
56
Valdelarco
Huelva
13
Lorenzo Pacheco García
34
V. Aldalajís
Málaga
14
Anacleta Vázquez Díaz
26
Encinasola
Huelva
15
Galo Vázquez Díaz
5
Nerva
Huelva
16
Jesús Vázquez Díaz
1
Nerva
Huelva
El destino de Tornet
El paradero de Tornet ha sido un misterio durante más de 120 años. A partir del momento de la masacre, unos lo situaban en Carmaux, una zona minera del sur de Francia;
otros conjeturan que falleció en el tiroteo y otros que, herido,
permaneció escondido hasta poder reunirse con su mujer e hijos (a los
que tenían vigilados) y huyó a paradero desconocido. Ese paradero fue
desvelado gracias a las posibilidades de Internet, como indicó en un
artículo en Huelva Información, del 3 de febrero de 2013, el periodista
Juan C. León Brázquez, quien señala que unos vecinos de Ríotinto
pudieron contactar en julio de 2009, en Argentina, con un biznieto de
Tornet, que incluso envió una foto del "desaparecido" y la partida de
defunción de uno de los tres hijos que tuvo en Argentina, donde se
indica que era "efectivamente" hijo de Maximiliano Tornet y de María
Servan. Según las nuevas informaciones se conoció que Tornet murió en Paraná, en 1904, tras tener cuatro hijos (uno de ellos nacido en España)
En la actualidad y según el Instituto Nacional de Estadística INE existen 12 personas en España con ese apellido, de los cuales 7 residen en la provincia de Huelva y pertenecen a la familia Tornet - García, sin que haya constancia de que éstos mantengan ningún vínculo con Maximiliano.
Rótulo de la calle dedicada a Maximiliano en Minas de Riotinto.
El año de los tiros en la prensa
El
acontecimiento tuvo mucha repercusión en la prensa, tanto local y
regional como nacional. El diario La Provincia de Huelva, fundado por la
RTCL, en su edición del viernes 10 de febrero de 1888 rebate los
argumentos contra la compañía publicados anteriormente en el periódico
El Reformista. En La Provincia se puede leer que El Reformista miente al
ofrecer datos de 41 muertos y 150 heridos, que los manifestantes no
eran pacíficos, sino que al ejército “le llovieron piedras y cartuchos
de dinamita” y apoya su parlamento en declaraciones del alcalde de
Riotinto. Por otro lado, El Socialista de Madrid abre su periódico del
10 de febrero de 1888 con una columna titulada ¡Asesinos!, en la que se
leen argumento incendiarios, de total repulsa a lo acontecido. El
periódico tacha la actuación del ejército de “horrible crimen” o
“bárbara carnicería”, achacan lo ocurrido a la autoridad civil y militar
y dicen estar seguros de que los crímenes no tendrán consecuencias para
los asesinos. El Cronista de Sevilla, el 17 de julio de 1888, publica
una tabla con la cuantía de los socorros distribuidos a las familias de
las víctimas y heridos. Una lista en la que tan solo figuran 61
personas.
Así contó los hechos el periódico "La Coalición Republicana":
“Cuando con más alegría y confianza se hallaban los manifestantes apiñados, en número superior a 12.000, en las estrechas calles adyacentes y plaza, mandaron retirar la caballería del sitio que ocupaba y acto seguido una descarga cerrada, inmensa, cuyos proyectiles barrieron aquella masa humana, puso en fuga desordenada a la multitud, que dejó en el suelo muchos cadáveres y heridos y se atropelló por las calles, lanzando gritos de pavor y de violenta ira. ¿Quién dio la orden de fuego? Hasta ahora no se sabe. ¿Fue el gobernador? ¿Fue el jefe militar? La soldadesca inconsciente, la máquina estúpida que obedece y mata, el soldado que dirige la boca del fusil al pueblo de donde salió y a donde volverá, gozaba con la vista de la pólvora
y la sangre. Con el testimonio de centenares de personas que
presenciaron el hecho, podemos afirmar que los manifestantes no
profirieron ni un grito subversivo, no salió de ellos una provocación ni
un acto que molestase a la tropa ni a las autoridades”.
Actualización: Falleció en la ciudad de Paraná, provincia de Entre Ríos, Argentina.
Raúl Eliseo Diez - Biznieto
En la ficción
En
1910, el periodista y escritor Manuel Ciges Aparicio publicó Los
Vencidos, donde explica el poso que dejó en las minas la huelga de 1888.
Y en 1920, la escritora Concha Espina, publicó El metal de los muertos,
considerada la mejor novela sobre las minas de Ríotinto. Vivió en
Nerva, unos años antes, para documentarse sobre la situación de los
mineros y la preparación de una huelga. Fue traducida al alemán, ruso,
danés e inglés. Está considerada su obra cumbre. En el año 2001 el escritor onubense Juan Cobos Wilkins publicó El corazón de la tierra,
una novela que narra una historia en torno a la que ocupa en este
artículo. Esta obra fue traducida a numerosos idiomas y recibió varios
premios.
En 2006, el periodista Juan Carlos León Brázquez realizó el radiodocumental Ríotinto, la memoria de las entrañas de la tierra, en el que se narran los acontecimientos de 1888 y se recoge un tremendo testimonio oral de 1932 de la escritora Concha Espina, que escribió El metal de los muertos
en 1920, sobre la esclavitud de los mineros a manos de la compañía
inglesa. Siendo director de Documentos RNE, y tras difundirse el
documental sonoro en Radio 1 y Radio Exterior de España
para todo el mundo, el periodista Juan C. León Brázquez obtuvo el
Premio Andalucía de Periodismo de 2007 y el Premio de Periodismo y
Comunicación Torre de Nerva. El periodista, un experto en el tema,
publicó el 3 de febrero de 2013, en el 125 aniversario de la tragedia,
un extenso artículo en Huelva Información titulado "La masacre
medioambiental". Posteriormente, el 6 de diciembre de 2013 ofreció una
Conferencia en Ríotinto sobre "El año de los tiros", donde expuso
testimonios sobre las minas y los acontecimientos de 1888 de Estrabón,
Richard Ford, Vázquez Díaz, Félix Lunar, Luis Gil Varón, María Dolores
Ferrero, Cobos Wilkins y Rafael Moreno. Además, propuso que el 4 de
febrero fuera declararado Día Mundial del Medioambiente.
En 2007, dirigida por Antonio Cuadri, se estrenó la película El corazón de la tierra basada en la novela de Cobos Wilkins.
En la novela 1888, el año de los tiros del autor Rafael Moreno y que también relata estos acontecimientos, Tornet recibe el nombre de «Mateo Alias».
Después
de la carga a bayoneta calada, la plaza de la Constitución de Riotinto
quedó en silencio. Sólo los gemidos de los que aún conservaban un halo
de vida se oían entre los pasos de los soldados. Desde el balcón del
Ayuntamiento algunos de los allí presentes quedaron profundamente
impresionados con lo que acababan de contemplar.
Maximiliano
Tornet, el más experimentado de la comisión en estas lides, comprendió
al instante sobre quienes recaerían las culpas de lo allí ocurrido y
aprovechando los primeros momentos de desconcierto salió del
Ayuntamiento y huyó de Riotinto. El alcalde de Zalamea, José González, y
Juan Antonio López, el secretario del juzgado de este pueblo, los
únicos miembros de la comisión que aún permanecían en la sala,
recibieron del gobernador la orden de regresar a Zalamea y aguardar allí
la decisión que sobre ellos se tomara; y así lo hicieron.
Las
fuerzas del orden impidieron que nadie se acercara a socorrer a los
heridos y procedieron a detener a los que merodeaban por los
alrededores. Ya oscurecido, los muertos que no habían sido reclamados
por familiares fueron recogidos en carretas y enterrados entre las
escombreras de la mina. Algunos manifestantes, los menos, encontraron
refugio en casa de familiares o amigos del pueblo de Riotinto, los demás
regresaron a sus pueblos de origen de manera desordenada y a campo a
través por miedo a ser detenidos.
.
ficialmente
sólo se reconocieron 13 muertos y 43 heridos; pero hoy resulta difícil
creer en esa cifra por la manera en que se desarrollaron los hechos y
porque ya algunas declaraciones públicas e intervenciones en la prensa
de la época elevaban el número de muertos a más de 50 y el de heridos a
un centenar. La tradición popular, que se trasmitió de padres a hijos,
afirma que los muertos fueron más de 200. En Zalamea siempre se dijo que
la mayor parte de los componentes de la banda de música cayeron en
aquella plaza. Lo que ahora nos parece evidente es la magnitud
desproporcionada del ataque de los soldados a los manifestantes y el
énfasis con el que se ensañaron en disolver a los allí congregados.
Algunos testimonios aseguran que se disparó por la espalda a los que
huían y a los que habían caído al suelo. Desde luego la posterior carga
con la bayoneta calada en los fusiles prueba la violencia con la que
actuaron los soldados, aunque es justo decir que no todas las fuerzas
del orden lo hicieron así. Se asegura que la guardia civil disparó al
aire y que, en algunos momentos, se interpuso entre los soldados y la
masa para evitar un mayor derramamiento de sangre.
..
Después
de todo esto cabe preguntarse quién o quienes fueron los culpables de
esta tragedia. Los documentos que hoy manejamos reflejan que desde un
primer momento se culpó a las autoridades de Zalamea por ser los
principales responsables de haber organizado la manifestación,
especialmente al alcalde, José González Domínguez, y a Juan Antonio
López. Y así se pone de manifiesto en una carta que el juez auxiliar,
Manuel Márquez, envía a D. José María Parejo, abogado de la compañía, en
la que se señala directamente al mencionado Juan Antonio López y a
Maximiliano Tornet. Se dio órdenes de arresto sobre el alcalde de
Zalamea; pero éste salió días antes en dirección a Madrid, donde se
movió en círculos políticos buscando apoyo a su causa. Juan Antonio
López fue interrogado sobre los hechos, aunque desconocemos si sufrió
algún tipo de sanción. Maximiliano Tornet fue buscado por las
autoridades, pero jamás dieron con él. Hay testimonios que aseguran
haberlo visto el día siguiente en Zalamea, el único pueblo de la cuenca
que mantenía cierta independencia del poder e influencia de la Compañía y
en el que pudo haber buscado refugio. Después se le perdió el rastro y
de él nada más se supo. .
Con
la perspectiva del tiempo, hoy podemos valorar los hechos con mayor
objetividad y estamos convencidos que el principal responsable de lo
ocurrido fue el gobernado, Sr. Bravo y Joven, que con su actitud
extremadamente dura e intransigente provocó que aquella situación
desembocara en tragedia. Recordemos que los hechos tuvieron lugar sobre
las 4,30 de la tarde de principios de Febrero, cuando en aquel tiempo
solo quedaban unas pocas horas de luz para terminar el día, y que toda
aquella gente debería regresar a sus casas. Hubiese bastado un poco de
paciencia y diálogo, y posiblemente los manifestantes hubieran regresado
a sus pueblos tranquilamente. Aún queda en el aire la duda de quién dio
la orden de disparar. En círculos oficiales se afirmó que los soldados
habían actuado por propia iniciativa ante una supuesta agresión por
parte de los manifestantes; pero cuesta creer que se produjera de ese
modo por la forma organizada en que se retiró la caballería de la plaza y
la manera en la que los soldados realizaron las repetidas descargas de
fuego y la carga con bayoneta. Hubo quien aseguró que se hizo una señal,
previamente convenida entre el gobernador, el teniente coronel y los
oficiales, para ordenar la carga de los soldados (según algunos, el
gobernador se quitó el sombrero y con un pañuelo blanco se secó el sudor
de la frente). Nunca se pudo aclarar tal circunstancia; pero el caso
fue que la tropa de la compañía, no los oficiales, fue arrestada en su
cuartel durante bastantes años, con lo que los nuevos reemplazos se
encontraron con un arresto por un suceso en el que ellos no habían
participado y del que, algunos, ni siquiera habían oído hablar. .
Se
investigó la actuación del gobernador, pero finalmente quedó libre de
culpa. Meses después fue sustituido en el cargo y trasladado.Los
terratenientes Lorenzo Serrano y Ordóñez Rincón jamás fueron molestados.
.
Manuel Domínguez Cornejo y Antonio Domínguez Pérez de León
Reportaje: “TORNET” Un cubano en las minas
Por Juan Castilla Navas -
Plaza de la Constitución de Minas de Riotinto.
POR JUAN CASTILLA NAVAS
En el último cuarto del siglo XIX con la llegada de los ingleses a
Riotinto comienza la explotación a gran escala de estas minas. La
necesidad de mano de obra hace que lleguen a la cuenca minera en busca
de trabajo personas de toda España. La población obrera crece de forma
exponencial, se industrializan las explotaciones y comienzan los
primeros conflictos entre los mineros y la Riotinto Company Limited. A
partir de 1874 aparecen las primeras publicaciones obreras en la
provincia. Estas de ideología republicana y anarquista se editan
precisamente en Riotinto . La primera en salir fue “El minero” el año
1874, pronto desapareció. Años más tarde (1884) comenzó a publicarse “El
eco minero”. La existencia de estas publicaciones fue efímera debido a
la falta de medios económicos y a la represión que sufrieron. En esta
época comienzan las movilizaciones y protestas de obreros solicitando
subidas salariales y mejoras en las condiciones de trabajo en los tajos.
Estas primeras movilizaciones estuvieron dirigidas por grupúsculos
anarquistas llegados a las minas. En 1883 recaló en la Cuenca Minera un
cubano de 28 años llamado Maximiliano Tornet Villarreal, nacido en la
localidad de las Tunas (Cuba) en 1855. Por sus actividades en pro de la
independencia de la isla las autoridades españolas lo consideran un
rebelde de ideología anarquista, lo acusan de sedición y lo deportan a
la península. Al poco tiempo llega a Riotinto para trabajar en la
Compañía. Comenzó su actividad en los hornos de refino, pero aquejado
por problemas de salud fue trasladado a los de fundición. Al cumplir
perfectamente en su trabajo con un alto rendimiento, fue ascendido a
cronometrador y poco después a pagador en la zona de calcinación donde
estuvo unos tres años. El 1º de febrero de 1886 en la iglesia de Santa
Bárbara de Riotinto, Tornet con 30 años de edad, se casa con la
gaditana María Loaiza García natural de Vejer de la Frontera que cuenta
con 17 años. Se van a vivir a una casa de la calle Méndez Núñez (cerca
del solar donde estuvo construida la antigua Plaza de toros de Minas de
Riotinto), en esa casa nace el 24 de enero de 1887 el primogénito de
la pareja Vaho Tornet García.
MaximilianoTornet y Villarreal.
Según la Compañía, en 1887 tiene los primeros problemas en el
trabajo. Se le descubrió algún error en sus cuentas y fue trasladado a
su antiguo puesto de apuntador. A primeros de agosto fue sorprendido
entregando propaganda “subversiva” a los obreros y el 2 de agosto fue
despedido de su trabajo en la mina. Tornet siguió repartiendo panfletos y
publicaciones socialistas a los trabajadores y el 31 de agosto de 1887
es detenido junto a su cuñado y enviado a la prisión de Valverde del
Camino. El juez de Valverde al no encontrar delitos que imputarle y
comprobar que su situación es legal pronto le deja en libertad. Tornet
vuelve a la cuenca minera y continua con su actividad. Las autoridades
locales le comunican que solo puede repartir propaganda en lugares
públicos y da orden a la guardia civil de detenerle si es encontrado
dentro de las propiedades de la Compañía. Pese a las medidas de presión
de la RTCL y de las autoridades Maximiliano Tornet sigue con sus
reivindicaciones de mejoras salariales y de las condiciones de trabajo
de los mineros, así como solicitando la prohibición de las calcinaciones
al aire libre (Teleras), ya que los días de “manta” (humos a baja
altura) los mineros no pueden trabajar y no cobran. Reivindicaciones
ignoradas por la Compañía que se niega a ceder a las peticiones de los
obreros, lo que llevó a estos a convocar la tristemente célebre huelga
del 4 de febrero de 1888.
Las calcinaciones del
mineral al aire libre además de un grave perjuicio para los trabajadores
de las minas suponían una agresión al medioambiente, los humos
afectaban a miles de hectáreas, perjudicando a personas, animales y
acabando con la vida vegetal. Este sistema de obtención del cobre
estaba prohibido en el Reino Unido antes de la llegada de los británicos
a las minas de Riotinto. Los ingleses al ser un método menos costoso y
por lo tanto más rentable lo utilizaban aquí para tratar el mineral con
una baja ley en cobre (menos del 2%). El mineral rico en cobre (mas del
2%) lo exportaban directamente al Reino Unido. El poder, el dominio y
los tentáculos de la Compañía llegaban tan arriba (el diputado al
Congreso por el Distrito de Valverde del Camino Enrique Bushell Laussat
estuvo siete años en la nomina de la RTCL) que los diferentes gobiernos
españoles se plegaban a la presión y a los intereses de los britanicos.
Toleraban y no prohibían “Las Teleras” a las que se oponían la gran
mayoría de los pueblos de la comarca. Ante esta situación se creó en
Zalamea la llamada “Liga Antihumos” que estaba formada por propietarios
de tierras, agricultores, ganaderos y ciudadanos de la zona afectados.
El Ayuntamiento de Riotinto era una de las pocas corporaciones que se
negaban a prohibir las calcinaciones al aire libre debido a la gran
influencia de la Compañía sobre sus miembros, la mayoría de los cuales
(todos menos dos) eran empleados de la Riotinto Company Limited.
Como hemos dicho la RTCL hace oídos sordos a las protestas de la
“Liga Antihumos” y a las reivindicaciones de los mineros en materia
laboral y salarial. La situación se complica y día tras día crece la
oposición a la Compañía. Los trabajadores convocan huelga para primeros
de febrero y una manifestación para el día 4. La “Liga Antihumos” ve en
esta convocatoria la oportunidad de hacer junto a los mineros una gran
demostración de fuerza para presionar a la empresa y obligar al
Ayuntamiento de Riotinto a que prohíba las teleras, por lo que no duda
en adherirse a la huelga.
La mañana del 4 de Febrero de 1888 dos grandes manifestaciones
partieron hacia Riotinto. La de los obreros de las minas encabezada por
Maximiliano Tornet partió de Nerva, y la de los “Antihumistas” con una
banda de música y en tono festivo partió de Zalamea la Real. Más de
12000 personas en marchas pacíficas se unieron en la Plaza de la
Constitución de Riotinto solicitando mejoras laborales y la supresión de
las Teleras. Un escuadrón del Regimiento de Pavía situado delante del
Ayuntamiento esperaba a los manifestantes. Mientras, en el consistorio
Maximiliano Tornet (en representación de los mineros), miembros de la
liga “Antihumos” y autoridades de Zalamea intentaban negociar con el
gobernador civil y las autoridades locales una solución al conflicto. El
gobernador se negaba a negociar y pedía a los manifestantes que
marcharan a sus casas y disolvieran la concentración, amenazando que si
no lo hacían los disolvería por la fuerza. Los huelguistas insistían en
que no se moverían hasta que fueran atendidas sus peticiones. Sin saber
de dónde salió la orden, el cómo y el porqué, los soldados comenzaron a
disparar y cargar de forma brutal contra una multitud indefensa y
pacifica que aterrorizada intentaba escapar de aquel infierno. Estos
trágicos sucesos conocidos popularmente como “el año de los tiros” nunca
se llegaron a esclarecer. El balance final de muertos y heridos nunca
se supo. La versión oficial ofrecida por las autoridades, la Compañía y
la prensa conservadora afín a la RTCL redujeron los terribles sucesos
acaecidos aquel luctuoso día a un grave incidente que produjo trece
muertos y treinta y cinco heridos. Testimonios de la época transmitidos
por vía oral de generación a generación aseguraron que hubo decenas de
muertos y desaparecidos y cientos de heridos. La prensa republicana y
progresista desmintió la versión oficial asegurando que hubo al menos
entre 50 y 60 muertos y más de 100 heridos, responsabilizando de la
terrible masacre al gobernador civil y al Teniente Coronel jefe del
Regimiento de Pavía. El diario republicano El País en su edición del 6
de Febrero de 1888 daba información de los sucesos bajo el titulo:
“Sangre del Pueblo”. El periódico El Socialista de fecha 10-02-1888 en
su primera pagina bajo el titulo: “Asesinos” hace un editorial sobre la
tragedia acaecida en la Plaza de la Constitución de Riotinto.
El Socialista. 10-02-1888
Y Maximiliano Tornet. ¿Qué fue del activista, del cubano rebelde?
Según contaron algunos, parece ser que en medio de la confusión
producida por la carga de los soldados Tornet logró salir del
Ayuntamiento, coger a su mujer y a su hijo y marchar a caballo hacia
Zalamea donde estuvo escondido hasta que pudo escapar por la frontera de
Portugal. La Compañía aseguro que no sabía nada del cubano y la guardia
civil lo buscó por la zona con la orden de detenerlo. Otros contaron
que Tornet fue abatido por los soldados y junto a otros caídos
enterrado clandestinamente en los terreros de la Compañía.
Vaho Tornet Garcia.
La Lucha de Tornet y los obreros de Riotinto fue la respuesta a los
abusos de poder de la todopoderosa Riotinto Company Limited. Desde un
principio las movilizaciones obreras tuvieron una motivación puramente
laboral y de lucha por la mejora de las condiciones de trabajo en las
minas. Pero los efectos nocivos y los daños que los humos de las
calcinaciones producían a personas, animales y plantas, traían la ruina a
propietarios de tierras, agricultores y ganaderos de la Comarca que
terminaron uniéndose a los mineros en su oposición frontal a la Compañía
al sentirse gravemente afectados y al ver mermada su cuota de poder y
su influencia en la zona.
Los directivos de la RTCL siempre negaron que existiera un conflicto
laboral con los mineros y acusaron a los terratenientes y “antihumistas”
de fomentar el descontento entre los trabajadores de las minas y de
utilizar a Maximiliano Tornet para provocar el malestar entre los
mineros e incitar a estos a la huelga. La Empresa elude toda
responsabilidad en el conflicto y no da crédito a que fueran causas
laborales las que provocaron los trágicos sucesos del 4 de febrero de
1888. Carga la máxima responsabilidad en Maximiliano Tornet y lo tacha
de “instigador” manipulado por los “antihumistas”. Para la RTCL, Tornet
envenena y altera a los mineros poniéndolos del lado de propietarios,
agricultores y ganaderos de la comarca, enfrentándolos a la Compañía (el
historiador David Avery considera a Tornet como un agitador
profesional).
Estudios y análisis realizados posteriormente sobre el conflicto
muestran que fueron una conjunción de intereses y los continuos abusos
de la Compañía lo que llevó a que mineros y antihumistas se unieran
contra la Riotinto Company limited. Maximiliano Tornet fue un pionero de
las movilizaciones obreras en la cuenca minera de
Riotinto.
Desde aquella época nunca más se supo de Maximiliano Tornet. ¿Logro
escapar y salir de la Cuenca Minera? O cayó víctima de las balas
asesinas. Las ultimas noticias parecen aclarar este enigma y confirman
que Tornet logro escapar y salir del país hasta llegar a establecerse en
Argentina.
Hace poco tiempo, personas inquietas, estudiosos e historiadores de
la Cuenca minera, atraídos por la fascinante figura de Maximiliano
Tornet, su vida, su lucha y su misteriosa desaparición, han seguido
investigando sobre el tema y gracias a las redes sociales han podido
contactar con familiares de Maximiliano Tornet. Mari Paz Díaz Domínguez
en el portal Huelvabuenasnoticias.com describe lo que les conto un
nieto de los Tornet llamado Belisario de 58 años y residente en
Argentina. Según Belisario su familia le conto que su abuelo Maximiliano
huyó de Zalamea la Real vestido de cura en compañía de su mujer y su
hijo. Cruzo el “charco” y se estableció en la ciudad argentina de
Paraná, donde residió hasta su muerte en 1904 (tenía 49 años). En Paraná
Maximiliano Tornet tuvo tres hijos mas, dos varones (Palmiro y Hatuey
Reynaldo) y una hembra (Mercedes). El primogénito Vaho Tornet García
nacido en Riotinto ejerció de Notario en Paraná. Palmiro se alisto en la
guerrilla y marchó a Paraguay donde murió. Hatuey Reynaldo se caso dos
veces y tuvo 10 hijos, es el padre de Belisario Torné. La hija Mercedes
murió muy joven. Según Belisario más de cincuenta descendientes de
Maximiliano Tornet viven hoy día en Argentina.
BIBLIOGRAFÍA DE CONSULTA:
Los Comienzos de la prensa obrera de Huelva en el siglo XIX (M. Paz Díaz Domínguez)
- Las Calcinaciones al aire libre en la provincia de Huelva.
- Los Sucesos de 1888 según los directivos de la RTCL (Mª Dolores Ferrero Blanco).
Nessun commento:
Posta un commento