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sabato 28 ottobre 2017

Armando Morales,born in Granada, Nicaragua (January 15, 1927 – November 16, 2011) - .“Vivamos mucho, no andemos muriéndonos tanto”.

Armando Morales

Armando Morales (January 15, 1927 – November 16, 2011) was an internationally renowned Nicaraguan painter. Morales is considered one of the most important painters in Nicaragua.
Morales, who was born in Granada, Nicaragua, received many awards for his works. He received his first award at the Central American Painting Contest "15 de Septiembre" (September 15) which was held in Guatemala in 1956. He received the award for a painting which he named "Spook-Tree". That same painting was later bought by the Museum of Modern Art in New York. The next year some of his paintings were featured at an exhibition called "Six Nicaraguan Artists" in Washington, he received excellent reviews and sold all his featured paintings.
Morales' work was exhibited at seven major shows from 1984 to 2000 at the Galerie Claude Bernard, a prominent gallery in Paris. The Gallery has published several catalogs and posters of his work.He died in Miami, Florida, USA.

 

Armando Morales è uno dei più importanti Pittori latinoamericani dell’ultimo mezzo secolo. Nato a Granada, Nicaragua, nel 1927, ha vissuto a New York , Parigi e attualmente risiede a Londra ottenendo innumerevoli riconoscimenti ufficiosi e ufficiali e quotazioni altissime.
E’ uno degli artisti latinoamericani che, dopo il 1950, si opposero alla egemonia estetica di New York, dove l’arte era ormai diventata un derivato della società dei consumi e l’artista….”un individuo-robot senza spiritualità né soggettività” (Jorge Edoardo Arellano “Historia de la Pintura Nicaraguense”).
Una egemonia che…..”produsse un genocidio artistico in tutta l’America Latina negli anni sessanta”………”Armando Morales appartiene al piccolo gruppo di artisti latinoamericani che affrontarono questa egemonia estetica di New York e mantennero la loro indipendenza creativa…salvando la propria dimensione interiore” (op.cit.)
Il maestro Morales affermava: “Il mio stile è figurativo e rappresentativo. Dipingo metafore”. Però acutamente lo scrittore Pablo Antonio Cuadra chiariva:……”nel contesto della sua pittura la metafora si spiega solo captando la magia con la quale, con un ascetismo implacabile, l’artista cancella tutti i dati accessori, tutte le referenze facili, finchè la metafora rimane sola, plasticamente svincolata dall’oggetto, ma richiamando in modo allucinante, il mistero”…..
E, per concludere brevemente queste riflessioni citiamo ancora le parole di Jorge Edoardo Arellano…….”E qui, finalmente, la nostra interpretazione, basata in una teoria di Salomón de la Selva sull’arte e la letteratura……L’uomo, per il solo fatto di esistere, assume una di queste tre attitudini, non ce ne sono altre: la attitudine di AGGRESSIVITA’, la attitudine di DIFESA e la attitudine di FUGA. Uno aggredisce, o si difende o scappa……….Armando Morales…sta sempre scappando, fuori dal tempo e dallo spazio….la sua attitudine non è aggressiva né difensiva, ma profuga. Precisamente lui è uno dei grandi profughi del nostro tempo” (op.cit.)

 

GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ SOBRE ARMANDO MORALES
Llegó a las cinco en punto. Eso, entre jóvenes, es una virtud rara. Pero en el curso de nuestras largas conversaciones en mi casa de México habría de descubrir que Armando Morales era dueño de otras virtudes sobrenaturales. Llevaba un traje de lino color de trigo y una corbata alegre, y todo él tenía un aire de artista despistado que no se conciliaba con su maletín de agente de comercio. Pocos días antes me había escrito una carta con una posdatita: “Vivamos mucho, no andemos muriéndonos tanto”.
Tenía deseos de encontrarlo y saber cómo era, desde que vi por primera vez un cuadro suyo entre los Zurbaranes inciertos y los Andy Warhols de feria de una mansión de millonarios. Era una corrida de toros, cuyos protagonistas no parecían pintados en el lienzo sino talladas en plomo. Y sin embargo, el cuadro tenía el dramatismo de esplendor y de muerte de la fiesta brava.
“Caray”, me dije. “Este hombre no le tiene miedo a nada”.
En los años siguientes tuve ocasiones de sobra para confirmarlo, pues encontraba cuadros suyos donde menos lo pensaba, con esa recurrencia mágica con que uno vuelve a encontrar varias veces en un mismo día a una antigua novia que no había visto durante mucho tiempo. Vi mujeres fugitivas de los Evangelios, rocallosas y sin rostros, que se bañaban en templos inundados, selvas enrarecidas por el olvido, suertes de tauromaquia petrificadas por el terror.
 Vi a la muy antigua y noble ciudad de Granada , la de Nicaragua, repartida a pedazos en cuadros numerosos, en calles sin rumbo, perros rupestres, un coche de caballos sin control con el auriga muerto en el pescante, y su lago temperamental con ínfulas oceánicas, su lago una vez y otra vez, su lago inevitable, como un fantasma agazapado a la vuelta de cada esquina: su lago siempre.
Pues Armando Morales es capaz de pintar cualquier cosa, cualquier instante, cualquier sentimiento, sin someterlo a la servidumbre de ninguna moda. Es realista de una realidad que sólo él conoce, y que lo mismo puede ser del siglo XVI que del siglo XXI: el tema determina el modo.
Ha viajado por todo el mundo, ha vivido y pintado con su inventiva sedienta en la manigua de Nueva York, en la metrópoli de la Amazonia, en Paris con amor, en Londres sin ti, pero a todo el mundo lo ha visto con sus ojos de granadino impenitente. Tiene un cuadro de San Giorgio Maggiore, en Venecia, con su campanario y su vaporcito de Vivaldi, pero sus sombras diagonales y sus aguas encrespadas siguen siendo las mismas. Así es: sus desafueros creativos; se delatan a sí mismos de inmediato por una misma seña de identidad: el vasto silencio de sus cuadros, alumbrados aún a pleno día por la luna llena de Granada.
Sólo después de conversar con él durante muchas horas, en nuestras dilatadas tardes México, entendí que Armando Morales no le tuviera miedo a nada. Más aún: me pregunté si hubiera sido pintor de no haber nacido y crecido en Nicaragua, y si sus cuadros hubieran sido posibles en una realidad distinta de la fantasmagórica de su patria de endriagos y guerreros, de aguaceros inmemoriales y despelotes de amor, donde la iguana y el armadillo son platos nacionales, y donde estuvieron casi al mismo tiempo un aventurero gringo que se coronó emperador, y don Rubén Darío , uno de los grandes poetas de este mundo.
Por fortuna nacoysecrir5allí, dentro de sus propios cuadros, bajo el signo ineluctable de Capricornio. Su infancia es un modelo ejemplar de¡ poder de la vocación, se formó solo, y lo puede probar ante los tribunales, pues aun conserva en sus archivos el primer dibujo que hizo a los tres años. Es un barco pintado con lápices de colores en el dorso de una tarjeta postal que su padre mandó de Alemania cuando se fue a comprarlo que sólo un nicaragüense de 1920 podía comprar en Alemania: una fábrica de ladrillos. Pues bien: en ese dibujo prehistórico se vislumbra ya el resplandor de esa luna errante que ha hecho de Armando Morales uno de los grandes pintores de este siglo moribundo.
Su recuerdo más antiguo es el trimotor anfibio que pasaba rugiendo como un tigre de papel sobre el gran Lago embravecido, a lo largo de los años en la Armada de los Estados Unidos ocupó el país. El cree quede ahí le viene su terror de volar, que tantos compartimos, y alguna vez trató de conjurarlo con una cura de burro: volando sobre la Amazonía le pidió al piloto que le hiciera las indicaciones básicas, y tomó el mando de¡ avión.
los gérmenes de su mundo lunar estaban inclusive dentro de la propia familia, Su abuelo paterno, el doctor José María Morales, se había hecho médico en Alemania, pero jamás logró que sus clientes de Granada le pagaran con dinero. Le pagaban con gallinas, tabacos, cerdos, calabazas, y aún con una vaca descarriada en e¡ más grave de los casos. Al doctor Morales le parecía justo.
“No más faltaba ?decía? que además de estar enfermos tuvieran que pagar”.
Bautizó a sus cinco hijos con nombres que empezaban con las cinco vocales en orden: Adán, Evangelina, Ismael, Orlando y Ulises. Todos vivieron largos años, y tuvieron la decencia de morirse como habían nacido: por orden alfabético. El primero, don Adán Morales, fue el padre de¡ pintor.
Su hermana mayor, Lillian, quien realidad se llamaba Edna María Victoria, era una dama de las de antes, que se vestía para las visitas de los domingos con trajes de muselina y sombrero de organza, y entretenía las horas muertas de las siestas ajenas pintando flores al óleo en pañuelos para decir adioses. Años más tarde, Armando Morales encontró su recado de pintar entre los cachivaches olvidados de un baúl oloroso a sándalo y naftalina, rescató los tubos de colores y los frascos de trementina, y con ellos pintó sus primeros cuadros al óleo. Pintaba todo lo que veía, todo lo que recordaba, todo lo que quería, pues desde entonces parecía convencido de que todo lo que sucede en la vida es digno de ser pintado.
Su padre, como todos los padres, quería que heredara el negocio familiar, que muy al modo de la familia era al mismo tiempo farmacia y ferretería, y lo estimulaba más hacia las matemáticas y las ciencias que hacia las buenas artes. Armando Morales no lo contradijo nunca. Siguió dibujando durante las clases a espaldas de los maestros, y aprobaba los exámenes de álgebra y de química con las respuestas copiadas de sus vecinos. Lo que no supo hasta muchos años después, fue que su padre vigilaba con ilusiones inconfesables el encarnizamiento de su vocación, y sin que él lo supiera coleccionó durante años sus dibujos de niño, disimulados dentro del libro de contabilidad de la ferrofarmacia.
Fue un triunfo de la tozudez de ambos. Cuando se abrió la primera escuela de Bellas Artes en Managua, Armando Morales fue el primer alumno. No sólo porque se inscribió antes que nadie y fue el más destacado, sino porque fue el único que llegó puntual a la primera clase del primer día: a las cuatro en punto. El maestro era don Augusto Fernández, un refugiado de la guerra civil española que acabo de vivir hace pocos años en México y dejó inéditas y sin destino más de doscientas ilustraciones de El Quijote. El sueño de Armando Morales en aquel tiempo era irse para Nueva York a hacer un curso de perspectiva que duraba cinco años.
“El maestro Fernández dice ahora, muerto de risa me la enseñó desde el primer día mientras llegaban los otros alumnos en una hora”. Entonces tenía veinte años y sólo le hacían falta los recursos técnicos, Portu ya llevaba dentro para siempre e¡ plenilunio de Granada. Conocía la pintura de los grandes maestros en reproducciones de libros, pero no había visto ninguno en carne viva. La primera vez que lo vio fue en una exposición (de pintores latinoamericanos en Managua. Allí se hallaban los más grandes: Tamayo, Portinari, Roberto Matta y Wilfredo Lam, y obras de caballete de los muralistas mexicanos que por aquellos días estremecían al mundo.
La sorpresa de Armando Morales a primera vista fue que todos eran idénticos a como los había imaginado. Tal como le había ocurrido con su primer cuadro de toreros, que copió del respaldo de una baraja española cinco años antes de que viera en el Perú, por primera vez en su vida, una corrida de toros. Permaneció muchas horas frente a cada cuadro, durante todo el tiempo que duró la exposición, escudriñando la malicia de la textura, desentrañando los secretos de su maestría, el misterio de su eternidad, y vio que todo era como él creía haberlo inventado en su soledad de Granada. Sólo entonces, sin haber salido nunca de Nicaragua, se atrevió a mandar un cuadro a la Segunda Bienal Hispanoamericana de Arte de la Habana, en 1954, y se ganó su primer premio. En ese cuadro era ya evidente que aquel joven compatriota de Rubén Darío, con el mundo iluminado por su luna personal, no le tenía miedo a nada. Salvo a los aviones, por supuesto.
GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ
(Cartagena de Indias, agosto 1992)

Las Piranhas, 1960 
oil on paper laid on canvas
40.6 x 50.8 cm. (16 x 20 in.)


 
Cabea de Mujer, 1961
 oil on canvas
 46.99 x 66.04 cm. (18.5 x 26 in.)

Landscape, 1964


 oil, board 
81.3 x 101.6 cm. (32 x 40 in.)

Espejo negro II #1416, 1965
 oil and collage de canvas on canvas 
55 x 46 cm. (21.7 x 18.1 in.)



 



 
Dos mujeres, 1967 
oil and fabric collage on canvas
161.9 x 130.2 cm. (63.7 x 51.3 in.)

Figuras, 1968 
oil and sand on canvas w/painted canvas collage
 162.6 x 130.2 cm. (64 x 51.3 in.)







Armando Morales
Untitled, 1970
ArtSpace/Virginia Miller Galleries

Armando Morales
Figuras, 1970
RoGallery.com

Untitled (Study), 1970, 1970
mixed media on paper
 16.51 x 14.61 in. (41.9 x 37.1 cm.)

 
Figures with Tower in the Background II, 1970
oil and beeswax on canvas 
127.3 x 101.6 cm. (50.1 x 40 in.)

 
Fruit, 1972 
oil and beeswax on canvas mntd on panel
 55 x 46 cm. (21.7 x 18.1 in.)
 
Nude in Front of a Gramophone, 1973
oil and beeswax on canvas
 127.6 x 102.2 cm. (50.2 x 40.2 in.)

Mujer Dormida, 1975 
lithograph 
22 x 33.5 in. (55.9 x 85.1 cm.)

Dos mujeres y caballo, 1975
 charcoal and conté crayon on paper
 65.7 x 80.6 cm. (25.9 x 31.7 in.)

Armando Morales
Two Nude Females at Dance Bar, 1976
ArtSpace/Virginia Miller Galleries

 
ESTUDIO DE TORSOS MASCULINO Y FEMENINO (HOMENAJE A VESALIO), 1973–1977
oil on canvas
60.5 x 43 cm. (23.8 x 16.9 in.) 

 
TREE V, 1977 
oil on canvas
102 x 81 cm. (40.2 x 31.9 in.) 

Armando Morales
Dos Bañistas (Two Bathers), 1978
Mary-Anne Martin|Fine Art

 
Gimnasio, 1979 
pastel on paper
 80 x 60.3 cm. (31.5 x 23.7 in.)


Armando Morales
Looking Towards the Mountain

 Armando Morales
Tres Cabezas



PINTOR NICARAGUENSE - ARMANDO MORALES - YouTube

https://www.youtube.com/watch?v=jV4CEGnAf3U
07 mag 2014 - Caricato da wilberth Antonio
"Ha viajado por todo el mundo, ha vivido y pintado con su inventiva sedienta en la manigua de Nueva York, en ...

Armando Morales - YouTube

https://www.youtube.com/watch?v=irrcDEZ0gz8
08 ago 2012 - Caricato da inesvigo
Armando Morales Sequeira (* Granada, Nicaragua el 15 de enero de 1927 - † 16 de noviembre de 2011 en ...
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